domingo, 22 de febrero de 2009



XIV Estación





V /. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R /. Porque por tu Santa Cruz Redimiste al mundo.
Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 59-61
José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.
(Breve silencio)
ORACIÓN
Señor Jesucristo, al ser puesto en el sepulcro has hecho tuya la muerte del grano de trigo, te has hecho el grano de trigo que muere y produce fruto con el paso del tiempo hasta la eternidad. Desde el sepulcro iluminas para siempre la promesa del grano de trigo del que procede el verdadero maná, el pan de vida en el cual te ofreces a ti mismo.
La Palabra eterna, a través de la encarnación y la muerte, se ha hecho Palabra cercana; te pones en nuestras manos y entras en nuestros corazones para que tu Palabra crezca en nosotros y produzca fruto. Te das a ti mismo a través de la muerte del grano de trigo, para que también nosotros tengamos el valor de perder nuestra vida para encontrarla; a fin de que también nosotros confiemos en la promesa del grano de trigo.
Ayúdanos a amar cada vez más tu misterio eucarístico y a venerarlo, a vivir verdaderamente de ti, Pan del cielo. Auxílianos para que seamos tu perfume y hagamos visible la huella de tu vida en este mundo. Como el grano de trigo crece de la tierra como retoño y espiga, tampoco tú podías permanecer en el sepulcro: el sepulcro está vacío porque él –el Padre– no te «entregó a la muerte, ni tu carne conoció la corrupción» (Hch 2, 31; Sal 15, 10).
No, tú no has conocido la corrupción. Has resucitado y has abierto el corazón de Dios a la carne transformada. Haz que podamos alegrarnos de esta esperanza y llevarla gozosamente al mundo, para ser de este modo testigos de tu resurrección.
Padrenuestro, Ave María y Gloria.
LAVS DEO

XIII Estación


V /. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R /. Porque por tu Santa Cruz Redimiste al mundo.
Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 54-55
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba dijeron aterrorizados: «Realmente éste era Hijo de Dios». Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderle.
(Breve silencio)
ORACIÓN
Señor, has bajado hasta la oscuridad de la muerte. Pero tu cuerpo es recibido por manos piadosas y envuelto en una sábana limpia (Mt 27, 59). La fe no ha muerto del todo, el sol no se ha puesto totalmente. Cuántas veces parece que estés durmiendo. Qué fácil es que nosotros, los hombres, nos alejemos y nos digamos a nosotros mismos: Dios ha muerto.
Haz que en la hora de la oscuridad reconozcamos que tú estás presente. No nos dejes solos cuando nos aceche el desánimo. Y ayúdanos a no dejarte solo. Danos una fidelidad que resista en el extravío y un amor que te acoja en el momento de tu necesidad más extrema, como tu Madre, que te arropa de nuevo en su seno.
Ayúdanos, ayuda a los pobres y a los ricos, a los sencillos y a los sabios, para poder ver por encima de los miedos y prejuicios, y te ofrezcamos nuestros talentos, nuestro corazón, nuestro tiempo, preparando así el jardín en el cual puede tener lugar la resurrección.
Padrenuestro, Ave María y Gloria.


XII Estación




V /. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R /. Porque por tu Santa Cruz Redimiste al mundo.
Lectura del Evangelio según San Juan 19, 19-20
Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos». Leyeron el letrero muchos judíos, estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego.
Del Evangelio según San Mateo 27, 45-50. 54
Desde el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde Jesús gritó: «Elí, Elí lamá sabaktaní», es decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Al oírlo algunos de los que estaban por allí dijeron: «A Elías llama éste».
Uno de ellos fue corriendo; enseguida cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber. Los demás decían: «Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo». Jesús, dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu. El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba dijeron aterrorizados: «Realmente éste era Hijo de Dios».
(Breve silencio)
ORACIÓN
Señor Jesucristo, en la hora de tu muerte se oscureció el sol. Constantemente estás siendo clavado en la cruz. En este momento histórico vivimos en la oscuridad de Dios. Por el gran sufrimiento, y por la maldad de los hombres, el rostro de Dios, tu rostro, aparece difuminado, irreconocible. Pero en la cruz te has hecho reconocer.
Porque eres el que sufre y el que ama, eres el que ha sido ensalzado. Precisamente desde allí has triunfado. En esta hora de oscuridad y turbación, ayúdanos a reconocer tu rostro. A creer en ti y a seguirte en el momento de la necesidad y de las tinieblas. Muéstrate de nuevo al mundo en esta hora. Haz que se manifieste tu salvación.
Padrenuestro, Ave María y Gloria.

domingo, 15 de febrero de 2009


XI Estación

Jesús promete su Reino al Buen ladrón
Del Evangelio según San Lucas. (23, 39-43)
Uno de los criminales crucificados le insultaba diciendo: "¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros". Pero el otro le reprendió diciendo: "¿Ni siquiera temes a Dios tú que estás en el mismo suplicio? Nosotros estamos aquí en justicia, porque recibimos lo que merecen nuestras fechorías; pero éste no ha hecho nada malo". Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando vengas como rey". Y le contestó: "Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso".
Palabra del Señor.
R/. Gloria a Ti, Señor Jesús.
(Breve silencio)
Oremos:
Jesús, cada uno de nosotros es simultáneamente el malhechor que blasfema y el malhechor que cree. Señor, acude en ayuda de mi falta de fe. Estoy clavado en la muerte, sólo me resta gritar: "Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino". Jesús, no sé nada, no comprendo nada en este mundo de horror. Pero Tú vienes a mí, con los brazos abiertos, el corazón abierto, tu sola presencia es mi paraíso.
"Acuérdate de mí, cuando llegues a tu Reino". Gloria y alabanza a tí, que acoges no a los sanos, sino a los enfermos; que tienes como extraño amigo a un desalmado; que desciendes a los infiernos y liberas a aquellos que se creían condenados y te gritan: "Acuérdate de nosotros, Señor, cuando llegues a tu Reino".
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
V/. Te alabamos, Cristo, y te bendecimos.
R/. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Padrenuestro. Avemaría. Gloria.


X Estación

Jesús es crucificado
Del Evangelio según San Mateo. (27,33-40)
Al llegar a un lugar llamado Gólgota (que significa la Calavera) dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel; pero él lo probó y no lo quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos a suerte. Y se sentaron allí para custodiarlo. Sobre su cabeza pusieron la causa de su condena: "Este es Jesús, el rey de los judíos". Con él crucificaron a dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban por allí le insultaban moviendo la cabeza y diciendo: "¡Tú que destruías el templo y lo reedificabas en tres días, sálvate a ti mismo si eres hijo de Dios, y baja de la cruz".
Palabra del Señor.
R/. Gloria a Ti, Señor Jesús.
(Breve silencio)
Oremos:
Oh Cruz de Cristo, solo tú puedes dictar el juicio que nos condena, solo tú nos revelas el loco amor de Dios. Oh Cruz de Cristo, concédenos, en los momentos más difíciles, no caer en la desesperación, sino a tus pies, para que Aquél que fue levantado en tí nos atraiga a todos hacia Él en su paradójica gloria.
Por nuestro Señor Jesucristo.
R/. Amén.
V/. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Padrenuestro. Avemaría. Gloria.



IX Estación



Jesús ayudado por el Cirineo a llevar la cruz
Del Evangelio según San Lucas. (23, 26-3 1)
Cuando lo conducían, echaron mano de un tal Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús. Lo seguía mucha gente del pueblo y mujeres, que se daban golpes de pecho y se lamentaban por él. Jesús se volvió a ellas y les dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque vienen días en los que se dirá: Dichosas las estériles, los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han amamantado. Entonces comenzarán a decir a las montañas: caed sobre nosotros, y a los collados: Sepultadnos; porque si esto hacen al leño verde, ¿qué no harán al seco?".
Palabra del Señor.
R/. Gloria a Ti, Señor Jesús.
(Breve silencio)
Oremos:
A tí, Jesús, destrozado, acabado, Simón de Cirene te ofrece alivio: caminando tras de ti, lleva tu cruz. Pero eres tú, Señor, el verdadero Cirineo de los siglos. Es tuya la invitación: "Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados"; tuya es la afirmación: "Mi yugo es suave y mi carga ligera". En ti, contigo, por ti el peso de la vida se hace ligero equipaje.
Enséñanos, Maestro bueno, a inclinarnos con amor sobre la aflicción del hombre, a llevar el peso del hermano, a compartir la fatiga de la vida.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
V/. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Padrenuestro. Avemaría. Gloria.



VIII Estación



Jesús es azotado y coronado de espinas
Del Evangelio según San Mateo. (27,27-3 1)
Luego los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron en tomo a él a toda la tropa. Lo desnudaron, le vistieron una túnica de púrpura, trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza, y una caña en su mano derecha; y, arrodillándose delante, se burlaban de él, diciendo: "¡Viva el rey de los judíos!". Le escupían y le pegaban con la caña en la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron la túnica, le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar.
Palabra del Señor.
R/. Gloria a Ti, Señor Jesús.
(Breve silencio)
Oremos:
Señor Jesús, Rey coronado de espinas, débil y vulnerable, humillado y vejado, líbranos de ofender a alguien más débil que nosotros, líbranos de creernos superiores a los demás, de pensar que tenemos derecho a hacer reproches y a poner orden a nuestro alrededor. Ayúdanos a ejercer el poder y la autoridad que poseemos, por muy pequeños que sean, como tú nos enseñaste: coronado de espinas.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
V/. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Padrenuestro. Avemaría. Gloria.